jueves, 13 de enero de 2022

Lapsus

Varios meses sin pedalear. Entre convalecencia por Covid-19 y estar fuera de Caracas, dejé de pedalear varios meses y, aunque me mantenía haciendo jogging y conservé mi resistencia, la musculatura para pedalear había mermado. 

Hacía rato que la noche había tomado la bóveda celeste y la luz delantera de la bici no me funcionaba. Frente a mí, la noche. Y detrás de la negrura, a lo alto, entre el cenit y mi horizonte, la escena era una intensa puntuación de luces del 23 de Enero, conocido barrio de la capital...tan intensas esas luces que hacían más negro aún el asfalto bajo las ruedas. 

Ya tomaba yo la pendiente cuando todo era contraste. Alto contraste. Antes de comenzar la subida más fuerte, hice el cambio de velocidades, para subir lentamente mientras daba vueltas completas a los pedales: menor esfuerzo. Relación corta. 

Sentí que no avanzaba, pero ciertamente me movía. No podía ver lo que recorría porque me cegaba la intensidad blanca y afilada de las luces de las colinas. No podía ver que subía, y estaba cansada tras kilómetros recorridos a lo largo del día. Iba lento, suponía. Sentí, frente a la profunda oscuridad que no permitió que viera la calzada, que me adentraba en el espeso asfalto. Estaba en medio de la oscura ceguera de la subida. Todo fue por segundos solo mi respiración y la sensación atemporal de penetrar una suerte de vaporosa oscuridad. Creí penetrar el asfalto hacia dentro de algo innominado, y perder la altura de la pendiente: ir en plano horizontal...adentrarme en un asfalto suavemente fangoso. Si, sumergirme en esa calle que subía oscuramente bajo las luces de la colinas superpobladas y, cuando identifiqué que sentía que el movimiento era como su estuviera en un bote, sutil y lentamente en movimiento, donde apenas se ve que el horizonte se desplaza, llegué a la breve cumbre y comenzó el descenso fresco, automático y reconfortante que me hizo sentir que todo era terrestre y tenía sentido.

 Fue un lapsus febril en la tormenta urbana, sin drogas ni alcohol,  jajaja...aunque no lo parezca. Únicamente presté atención a lo que sentía y le quité atención a lo que percibía. Creo que solo duró un par de segundos. Quizás me quedé dormida al pedal.